No hay nada que pueda hacernos reír más que nuestro propio reflejo si así queremos que sea. En la mañana más relajada, en la más aburrida, en la más triste, quizás consigamos sacarnos a nosotros mismos una sonrisa haciéndonos burla delante del espejo.

Hacernos muecas, deformarnos la cara, hacernos peinados imposibles, despeinándonos completamente, poniéndonos pegotes de crema por todos lados como granos, hinchando los mofletes cuando nos afeitamos o nos quitamos un punto negro, cuando te pegas con alguien para conseguir un poco de hueco delante del espejo.

No hay nada más poderoso y que nos pueda alegrar más el día que nosotros mismos.