El sonido del agua resulta tan especial, cuando lo oímos desde el paseo marítimo o incluso desde la misma playa, mientras esquivamos las olas que acaban en la orilla para no mojarnos los zapatos.

Mirar al horizonte y ver los barcos que se alejan y desaparecen, aunque sepamos que siguen estando ahí, aunque no los veamos navegar.

Y pasear por el paseo cogidos de la mano mientras el sonido, el olor y la imagen del mar se unen a tu sonido, a tu olor, a tu imagen. El pensar que al igual que un barco que desaparece en el horizonte, sabemos que ahí estamos, aunque no nos veamos, sabiendo que alguna de las olas que rompe en la orilla es fruto de nuestros motores, de nuestro viaje, y que eso nos sirva de mensaje mutuo para saber que estamos bien, esperando a que los barcos atraquen de nuevo en el mismo puerto, aquí o allí.

“Y me quedo flotando en alta mar… Y te quedas flotando en alta mar… Nos quedamos flotando en alta mar.”

“Barcos” – The New Raemon y McEnroe