Me encanta esa sensación de sentir el viento susurrar a través de los orificios de la mosquitera de mi ventana. Me gusta oírlo gemir cuando en mitad de la noche se levanta fuerte y poderoso moviendo cada hoja y cada rama delgada de los árboles cercanos. Me gusta que los vecinos cierren las ventanas y las persianas cuando notan que se acerca y me dejen oírlo solo a mi, como si fuese el único espectador en un concierto que no le gusta a nadie más.
Me gusta el viento cuando se mete en mi habitación cuando estoy metido en la cama, y me obliga a meter los pies dentro, a ponerme calcetines, y a subir el edredón hasta arriba. Me gusta porque mueve las fotos que tengo colgadas y tira alguna de ellas. Mañana tendré que volver a colocarlas.
Me gusta el viento, me gusta mi viento, porque parece que dice algo que creo entender. Dice “sssshhh”, y me hace dormir.