Ahora echo de menos

que secuestres mis cejas

entre tus labios finos

y me hagas fruncir el ceño.

 

Efectuada la invasión

me coges fuerte, tiras,

siento que se despegan,

que avanzan hacia ti.

 

Las arrastras a tu mundo,

me muerdes y me bautizas

en la religión de tu boca,

pegada a mis cejas pobladas.