No podía inaugurar la sección EL RINCÓN FRIKI con un juego que no fuese Alice Madness Returns.

Alicia en el País de las Maravillas siempre ha sido mi cuento “infantil” (que analizándolo, poco tiene de infantil) favorito. Por lo que un juego sobre Alice, sus serios problemas mentales y su afán de carnicería maravillosa, son los ingredientes perfectos para que se convierta en mi juego favorito. Harían falta muchos post en esta página para abarcar todo lo que ofrece este juego, pero me limitaré a lo más destacable.

Vayamos al meollo. Alice, una chica que tras la muerte de sus padres en un incendio se vuelve MUY loca (que raro, después de ver a su familia arder, quién lo diría), y acude a terapia con un psicólogo que da muy mal rollo y que me recuerda a alguien familiar (cosa que me perturba más aun).

Lejos de curarse, la pobre Alice tiene unas visiones bastante raras y nos lleva durante el juego entre un cambio de estado de lucidez/alucinación constante, llevándonos a las regiones más vistosas del País de las Maravillas que los diseñadores de Alice McGee nos tienen preparado. El bosque, el fondo del mar, el reino de la Reina Roja, el mundo de los juguetes rotos, la “Ruta de la Seda” (donde fumamos cosas raras). La verdad es que el diseño de las distintas regiones suponen un gran reto entre las plataformas móviles, cartas, monstruos específicos de cada región, rincones ocultos con LAS BOTELLAS, CARACOLAS Y RECUERDOS QUE TE CUESTA LA VIDA CONSEGUIR, GRACIAS CHICOS DE ALICE MCGEE POR ESCONDERLAS TAN BIEN.

Cada escenario se va volviendo mas turbio hasta que llegamos a un punto en el que nos da a hasta miedo seguir jugando por si aparece la policía en nuestra casa para detenernos. No puede ser normal entrar a una sala del juego a través de una entrepierna, ¿en serio? ¿ESTAMOS LOCOS? Si, y en el fondo tanto creeperío nos gusta.

La mejor escena del juego es un supuesto recuerdo de Alice vagando como alma en pena por el psiquiátrico. Quien haya jugado coincidirá conmigo conque esa etapa es la más turbia y la que te deja con peor cuerpesito.

A pesar de la infinidad de coleccionables que hay por toda la escenografía, el juego se hace ameno, y la no obligatoriedad de conseguirlos hace que puedas ir un poco relajado, aunque todos hemos sufrido de micro-infartos cuando al acabar un capítulo nos hemos metido en el menú y hemos visto que nos faltaban recuerdos, botellas y caracolas. ¿Rencor? No sé, se me habrá extraviado un recuerdo o una botella por el camino.

Las armas con las que cuenta Alice son uno de los mayores atractivos, y la posibilidad de mejorarlas usando dientes y cambiar de aspecto (esto último desbloqueando el DLC del juego) hacen que la experiencia de juego mejore. Espada vorpal, molinillo de pimienta, tetera, caballito (todos AMAMOS el caballito) y… Bueno, no hay más, aunque suficiente para disfrutar dando mamporros.

Nota graciosa: Los enemigos en su mayoría son monstruos negros con cara muñecos de bebe, sin dientes… ¿Y sueltan dientes para mejorar armas? Fin del inciso.

Pero sin duda, lo mejor del juego son: ¡LOS TRA-JES!

El traje vaporoso, el de debajo del mar, el de muñeca, hasta el normal con su delantal manchado nos vuelve loco. Y la locura se desata no solo con el modo histeria (modo que puedes usar cuando a Alice le queda poca vida), sino con el DLC y sus trajes especiales, como el de la reina de la carne, el del conejo, la oruga (es feo como él solo, pero útil como el que más), el de geisha y demás cosplays que se gasta la enana, inspiración de muchos y muchas en las conferencias y salones manga. El País de las Maravillas nos cuida y nos mima como los estilitas de Queer Eye (Jonathan, por si me lees: me encantas).

La historia, la estética, la jugabilidad… Elementos clave para que este juego sea MI FAVORITO. Sólo me queda lanzar una pregunta al aire, y es: ¿para cuándo la tercera parte de Alice McGee?

NOTA: 10/10