El otro día al fin pude disfrutar de una de las películas que más estaba esperando: Deadpool 2.

Y es que aunque los superhéroes Marvel me causan un poco de pavor (ahora es cuando dejáis de leer y bloqueáis la página), Deadpool siempre ha sido de mis personajes favoritos de cómic. Y es que la manera de afrontar los problemas que se le presentan (o que él mismo causa) y el shade que lanza contra sus compañeros de viñeta/estudio le hacen alguien “especial”.

En esta nueva entrega, Deadpool se enfrenta a la superación de un suceso que le marcará durante toda la película, mientras Cable (quien hace su primera aparición en la gran pantalla) le pisa muy de cerca los talones. Como en toda película de superhéroes, nuestro querido mallas rojas se rodeará de un buen equipo formado por un desvanecedor, un escupe-ácido, seres de otro planeta, Domino (una chica con suerte) y algún personaje ya conocido de la anterior entrega para hacer frente a diversos retos.

Deadpool 2 cuenta con más momentos de risa, de tensión, momentos de “¿ha dicho lo que creo que ha dicho?”, mucha más sangre y menos filtro para menores de 18 y señoras que se escandalizan por todo (abuela, no vayas a verla). Todo aliñado con una banda sonora llena de éxitos de AC/DC, a-ha, Enya, Skrillex y una maravillosa reflexión sobre un tema de Barbra Streisand.

Aunque el héroe más macarra de Marvel no para de soltar burradas y barbaridades, también nos tiene preparado un gran mensaje, que poco a poco se va desvelando en la película tras un ligero velo de DESMEMBRAMIENTOS Y SANGRE (que bello). No, en serio, la película que empieza como un cúmulo de sketches poco a poco toma consistencia para crear una trama que se va tornando muy interesante, llena de valores y críticas sociales camufladas entre jajajas y jijijis, pero ahí están.

Aunque soy poco imparcial con Deadpool, he de decir que la espera para disfrutar de esta segunda parte ha merecido mucho la pena.

NOTA: 8/10