Paseamos juntos cogidos fuerte de las manos. Sólo pedí un favor: que el apretón fuese suave, para no sentir dolor y jamás despertar de nuestro sueño, del sueño de tu mano atada a la mía.

Pero todo sueño a veces llega a su fin. La mano se suelta, los ojos se abren y la cama sigue estando vacía.

Mañana te pediré sólo un favor. Si, otro favor más: no me sueltes la mano. Esta noche no… No quiero que te vayas.