Nos llegan reportes desde todo el mundo diciendo que la etiqueta del champú ha desbancado a todos los éxitos literarios para acaparar el nº1. Porque todos hemos leído la maravillosa etiqueta del champú mientras estábamos en otros menesteres que, debido a la finura y delicadeza de este sitio, no podemos especificar.

La hemos leído y releído, pasando la mirada por encima de compuestos que ni sabemos lo que son, ni de dónde vienen. A lo mejor son sustancias que nos dejarán calvos y calvas antes de los cuarenta, pero nos da igual, seguimos leyendo confiados como si fuésemos expertos en el tema. Yo aún me pregunto hoy día qué son la mitad de las cosas que llevan los productos de higiene que compro, pero vivo feliz en mi ignorancia.

Cuando ya nos hemos cansado de leer la etiqueta del champú, pasamos a lo peor, a lo que NUNCA debemos hacer aunque las autoridades médicas nos recomienden hacerlo: leer el prospecto de los medicamentos. Si, como llevemos un rato en el baño, lo mas probable es que cojamos el botiquín y empecemos a leer todos los efectos adversos de los medicamentos que tenemos guardados y, seguramente, caducados. Leemos de todo, pasamos miedo, tiramos de buscador para seguir tirándonos del pelo (el poco que nos queda usando los champús que usamos), hasta que nos rendimos ante el peligro de muerte que acecha desde el botiquín y juramos que nos pasaremos a las terapias alternativas.

El momento crítico llega cuando ya no nos quedan prospectos para leer. La letra pequeña de los paquetes de pañuelos para los mocos se nos hace ilegible y estamos demasiado ocupados evacuando como para salir a por las gafas de cerca. Entonces, nuestro verdadero instinto de supervivencia y entretenimiento hace acto de presencia, y recurrimos a lo que nunca nos falla, el bote de champú. Hemos leído ya su etiqueta, ayer lo hicimos también, pero tiene algo que nos hipnotiza, como la columna del horóscopo dela revista.

El champú nunca nos abandona. Y por eso, aunque no queramos admitirlo, es el mayor best-seller del mundo.

NOTA: valor incalculable.